Siempre hablo de como me siento o como me sentí aquel fatídico día en que el mundo entero se derrumbó delante de mis ojos y de como impotente veía la gente correr y reír en la playa, indiferente, inocente, lejana al drama que estabamos viviendo dentro de nuestro minúsculo mundo.Carlota no escapó a la tempestad, ni Carlota ni nadie que en mayor o menor medida quisiera a Chloe con amor puro, verdadero, transparente, ese que brota espontáneo del corazón….el tsunami arrazó con todo y se llevó un trozo de Carlota también.

Algo dentro de ella se quebró un poco en cuanto supo lo que estaba pasando a Chloe, ella que tanto había soñado con tener una hermanita, que durante tantos años una y otra vez me había rogado agrandar la familia y regalarle un ser diminuto a quién querer y cuidar para siempre, Carlota soñaba con Chloe antes de saber que existiría y antes de que se conviertiera en deseo en nuestros propios corazones….la amaba antes de nacer…

Durante semanas me negué a contarle la verdad, escondía con alebosía todo lo que estaba pasando, por cobardía y por miedo, por terror a que al mencionar aquellas palabras todo ese infierno se convirtiera en realidad, fué Pablo el que la llamó y se lo contó, yo no hubiera nunca tenido el coraje de hacerlo.

Ahora desde la distancia Carlota vive con impotencia el proceso de la enfermedad de Chloe, observa viaje a viaje como los daños irreversibles van afectando más y más a aquel ser adorado con el que siempre soñó y al que siempre amó aún antes de existir y desde ese trocito de corazón roto que le quedó pide ayuda al mundo para salvar a su hermanita.

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