Con las manos en la masa

Siento que ya no me falta el aire, es como si una ventana se hubiera abierto al final del corredor y dejara entrar una luz tibia y cálida…como la que trae una tarde cualquiera con la brisa de verano al caer el sol, es una sensación de tranquilidad y perfumes dulces que me envuelve y reconforta.

Cuanto echaba en falta esta sensación, dónde estaba!?

Creo que seguía durmiendo en mi aunque yo no fuera capaz de encontrarla, este tornado viviente que cabalga dentro de mi cada día casi me cegaba.

Enredada en mi pelo, escondida detrás del miedo, en silencio, pequeñita y temblorosa, quien sabe donde se ocultaba, tan inocente como poderosa, tan necesaria como olvidada, tan mía como mías son las ganas, ahora duerme apacible en mi pecho, esa calma con olor a rosas, a canela, a mañanas en pijama.

Aunque el monstruo siga acechando yo me siento poderosa, porque ya le he puesto nombre y me imagino su cara, ya se contra quién lucho y quien quiere ganar gana, y yo quiero, y yo gano…a cada paso, como este, pasos largos de gigantes que dejan huella y como! porque mi miedo ahora es pequeño y se arrastra perturbado porque ya no encuentra ángulo, rincón oscuro donde ocultar sus maléficas armas, cobarde y asustado ya se siente acorralado…y ahí voy yo, al acecho.

Porque ahora soy yo qué lo persigue, soy yo quién le busca y le oprime, dispuesta a todo como quien solo ve el campo de batalla, cargando cada piedra que me ha puesto en el camino para atacarle por la espalda… voy despacio, pero voy constante…espérame sentado…intentaste quitarme mi niña y mira con lo que te has encontrado.

Cuando menos te lo esperes, nosotras habremos ganado!