Volver atrás

El sol pegaba fuerte y el reflejo de esos rayos despiadados sobre la arena no me dejaban ver bien el camino, así que me deje llevar y lo recorrí casi a ciegas siguiendo esa torpe serpentina destino a quien sabe donde, mi sorpresa fue inmensa cuando al girar en una curva extremadamente cerrada y oscura me quedé atrapada en una especie de embudo que solo iba hacia abajo afinándose metro a metro, me asusté, salí del coche como pude y comencé a escalar intentando volver hacia ese sol despiadado que minutos antes me había cegado.

Lo conseguí, con esfuerzo todo se consigue.

Hacía calor, pero no era pegajozo, era tibio y suave como una caricia esperada.

Al llegar arriba todo parecía igual, el mismo sol la misma arena, así que comencé a caminar retrocediendo por el mismo camino que me había llevado hacia ese túnel sin salida.

Un brillo plateado se adivinaba a lo lejos, antes unos cubos de esos de los niños para jugar en la playa y unas palas me sorprendieron, eran iguales a los que tenían las niñas cuando eran pequeñas, rojos con puntitos amarillos…luego me fui encontrando más palas, rastrillos, pelotas, todos diseminados como por una lluvia misteriosa, y al final, mi viejo coche Honda gris plata.

No había nadie, solo calor, arena, un gran silencio y un inmenso cielo azul que se fundía sutilmente en el horizonte.

Entré en el coche, no entendía que hacía ahí mi viejo Honda ni el porque de esa lluvia de juguetes que se alineaban como indicando un camino, quién los habría llevado ahí y porque!?

Sin pensarlo me meti dentro intentando buscar señales, arrancarlo y que me lleve a casa.

Las llaves estaban puestas asi que nada mas sentarme ví mi viejo Nokia morado al lado de la palanca de cambios, estaba encendido…mi viejo Nokia!! que hacía ahí!?? donde estaba mi I Phone!?? que cuernos estaba pasando!??

El Nokia sonó justo en ese momento, respondí confusa….era Mike:

– Babe, cuanto tardas en llegar? las niñas tienen hambre, vamos a comer al Bounty o en casa? o si quieres nos encontramos ahí…

Escuchaba el balbucear de Chloe detrás y el llanto de un pequeño bebé en el fondo, sabía que ese llanto era el de Kaia, como toda madre podía reconocer el llanto de mis cachorros incluso en la distancia, esto no era raro, pero es que Chloe ya tiene 10 años y Kaia 8 y Mike y yo no estamos juntos desde hace años, además, hace mucho tiempo que no me llama Babe…no entendía nada, mis ojos seguían casi cerrados por culpa de ese sol infinito, mientras seguía escuchando observaba como podía esa arena que parecía cada vez mas blanca… que  estaba pasando!??

De repente sentí que podía abrir los ojos, lo supe porque ya no sentía ese fuego en mis parpados que minutos antes me quemada, y al abrirlos lentamente, casi con miedo, estaba en el jardín de casa.

Chloe corría con una muñeca en la mano mientras intentaba patear una pelota, la misma pelota que había visto hace solo unos minutos desperdigada en la arena bajo ese ardiente sol, tendría poco mas de dos años, un chupete azul se mantenía en su boca a pesar de las carcajadas que soltaba a casa fallo mientras Kaia, absorta en su mundo, juagaba sentadita en el arenero con el mismo cubo y las mismas palas que acababa de dejar atrás en la arena…el aire era fresco, se adivinaba de verano o tal vez de primavera, el césped estaba tan verde que parecía pintado a mano con rotuladores.

Mike me volvió a preguntar -y… que has decido? comemos aquí o en el Bounty?- mientras me abrazaba dulcemente por la espalda apoyando su perilla en mi hombro con ternura.

Aquella imagen no era vieja, no pertenecía a un recuerdo, era nueva, era hoy, estaba pasando, pero como!?? Chloe tenía 10 años, Kaia 8 y Mike y yo estábamos separados…yo seguía sin entender nada…

Mientras dudaba entre contarle a Mike la verdad, vomitar mil peguntas o simplemente disfrutar de aquel maravilloso momento, observé a Chloe corriendo, no se veía ningún rasgo de la horrible enfermedad que nos ha martirizado durante los últimos años 7 años, ella reía y hablaba con total normalidad, y mientras corría hablaba y reía más, sus piernitas estaban rectas, no mostraba ni rastro de cansancio, su paso era firme, el tiempo me había llevado hacia atrás arrancando de cuajo cualquier sensación de dolor e impotencia a un pasado no tan remoto pero tan extraordinario!

Por un extraño milagro que no conseguía entender, la vida me estaban dando una segunda oportunidad.

Aquella felicidad plena que me envolvía en ese momento, casi extirpada de mi memoria minutos antes, recorría cada centímetro de mi piel invadiéndome con esa turbadora sensación de embriaguez…borrachera de amor, de vida, de salud, de esperanza en un futuro eterno….Chloe estaba sana!

Decidí no decirle nada a Mike, solo lo abracé, lo abrazaba con todas mis fuerzas mientras seguía mirando a las niñas correr y reír ajenas a todo el suplicio que habíamos o iríamos a pasar por culpa del maldito VPS13D…pero eso era ahora parte del pasado…o del futuro?

Recogí esta nueva oportunidad y di gracias al cielo y a la vida, mi corazón estallaba de felicidad, la luz, los colores, todo era distinto, no sabía porque aquel Dios en el que yo no creía nos estaba dando una nueva posibilidad, quizas para hacer las cosas de otro modo o tal vez solo nos estaba regalando más tiempo para investigar, para que conscientes ahora de los que nos pasaría cuando Chloe cumpliera 3 años pudiéramos estar preparados y tuviéramos ya las herramientas necesarias para atajar el huracán y no permitir que nos derrumbara, quizas la vida solo me quería ayudar.

Comprendí hace mucho que el tiempo era a la vez mi mayor enemigo y mi mejor aliado, disponer de él de repente e inesperadamente era lo mejor que me podría pasar en esta vida….tiempo…tiempo para buscar, tiempo para encontrar, tiempo para atrapar a ese monstruo al que ya le hemos puesto nombre pero que durante tantos años se escondió cobarde, cruel, desalmado, atacando a mi niña lentamente ante mis ojos, regozijandose de mi dolor, alimentándose de nuestra impotencia, creyendose inconquistable.

Con esa emoción tan grande explotándome en el pecho abracé a Chloe,  la abracé tan fuerte que sentía que ninguna de las dos  podíamos respirar, entonces levanté la cabeza mirando a ese cielo tan que súbitamente se volvió oscuro…abrí los ojos, estaba en mi cama, Chloe a mi lado, tenía 10 años…no había tiempo extra ni nueva oportunidad, solo silencio.