Kaia, más que océano y tierra, el sol.

A veces me pregunto si Kaia algún día me perdonará el haber centrado mi vida en salvar la de su hermana.
Resultará fácil para un adulto comprender lo que hago, justificar, perdonar…pero como asimila está situación un bebé? y una niña de 3, o de 5, o de 7 años?
Cuando Chloe enfermó Kaia tenía 16 meses, era un bebé precioso desbordante de gracia que nos hacía tronchar de la risa con su disparatadas ocurrencias, pero de un día para otro Chloe y yo desaparecimos de su vida durante semanas.
Cuenta su abuela, que fué quien se ocupó de ella durante este período, que mi bebé se pasaba el día recorriendo las habitaciones de la casa repitiendo “Coco-mamá, Coco – mamá, Coco-mamá”…nos buscaba durante horas, hasta acabar agotada…
Hasta ese momento las niñas y yo eramos una piña, agrapadas y pegadas, todo lo hacíamos juntas, cada día, cada momento, eramos un clan indivisible, incluso Mike a su manera estaba con nosotras compartiendo ese día a día…pero de repente una mañana pegajosa de verano Chloe y yo nos fuímos por la mañana y las personas que volvimos nunca fuimos las mismas…Kaia tenía 16 meses, era incapaz de comprender porque su mamá se apagó.
A partir de ese día todo el protagonismo lo adquirió Chloe quien se convirtió en el centro de mi mundo, cuando Chloe iba en carrito, Kaia tenía que caminar, cuando a Chloe había que ayudarla a comer, Kaia tenía que aprender a hacerlo sola, mientras yo ayudaba a Chloe a vestirse, Kaia sabía ya hacerlo por si misma, pero Kaia era el bebé…no Chloe…
Es verdad, Chloe acaparaba todas mis miradas porque cada una de las suyas parecía que se desvanecía en el aire y yo quería atraparlas todas, me habían dicho que Chloe se estaba yendo y yo solo intentaba retenerla a mi lado, ahora me atormenta la culpa.
Aunque si he de ser sincera de poder volver atrás, no se si sería capaz de cambiar algo de aquellos días…todo fue un gran tsunami, era imposible controlarlo todo, respirábamos cuando podíamos.
Adoro a Kaia con locura, mi bebé chiquito, mi reina, mi sol, el pilar en donde me apoyo cada día para coger fuerzas y continuar, pero no puedo negar que cada minuto de mis días y de mis noches estaban y están centrados en su hermana.
La vida de los hermanos de niños que sufren una enfermedad rara o discapacidad están completamente condicionada por la de sus hermanos enfermos, ojalá no fuera así! relegados a un indiscutible segundo plano desarrollan una independencia infinita, es verdad, pero también sufren ese desagradable relego que nadie quiere de asumir en palabras.
Su espíritu es fuerte y su amor inquebrantable, la vida la ha puesto en el centro del campo de batalla y sabemos que pasará el resto de sus días esquibando bombas, pero aún así es capaz de regalarnos montañas de sonrisas.

Ojalá todo mi amor le llegue a lo mas profundo de su corazoncito y un día comprenda cuan importante ha sido y es el suyo para nosotras.

Kaia, mi vida, tu luz me ilumina y tus caricias me sanan, que ningún minuto de los que robé de tu infancia lastimen tu alma. Te quiero hasta el infinito. Mamá.

Kaia